domingo, 22 de diciembre de 2013

Juancito

Vive en la calle . Como puede. Llaman la atención sus ojos tristes y su físico huesudo. Según cuentan en el barrio se escapó de varios hogares de acogida y de un instituto de menores. Cuando le preguntan el porqué, responde que su mamá le dijo que la esperara allí, en esa misma esquina en la que se lo ve todas las tardes. La verdad es que su madre o la mujer con la que vivía en la villa lo dejó de "seña " y nunca volvió, o lo intentó y no pudo. Quizás esté muerta o en cana. El pibe dice que se llama Juan Serra,
incomprobable, ya que según averiguaciones de un juez de menores que se interesó, el menor no tiene documentos.
Juancito no entiende porqué no lo dejan allí tranquilo, él no molesta a nadie, es cierto. Cuando hace frío o llueve se refugia en el túnel de la estación, los demás días se las rebusca abriendo las puertas de los taxis o ayudando con los carritos del supermercado.
Según dice aprendió a leer solo, con los carteles y las revistas viejas que encuentra en la basura. Comida no le falta, le dan pan en la panadería, y en el grill de la estación siempre tienen un paquetito para él. Hasta en el dispensario le aplican las vacunas, sin preguntarle nada y hasta le han dado algún antibiótico cuando tuvo fiebre. Más no pueden  hacer, una vez que tenía neumonía se escapó de la sala de guardia del hospital municipal. Va cada tanto al colegio para que lo dejen ver en un libro de geografía para ver donde quedan lugares que le escuchó nombrar a su mamá.
Nadie sabe cuántos años tiene. Él dice que ocho, los que lo conocen de siempre, calculan más. En todo caso es un asunto que a él no le preocupa. Su misión es estar en la esquina de la plaza, todos los días, de cuatro a seis, así haga frío, calor, llueva o truene.
Una señora trató de que se quedara en su casa, doña Ana, viuda sin  hijos. Hasta averiguó en los tribunales cómo se hacía para tener la tutela. No hubo caso el mocoso no soportaba la idea de estar encerrado y sistemáticamente se fue cada noche después de comer.
Una vez vinieron de una revista dominical y le sacaron varias fotos. Salieron en el suplemento con  el título: "Desidia y abandono en Quilmes". En realidad, la nota había sido pensada para lucimiento de una joven cronista en ascenso. Sin embargo, la foto causó revuelo, los ojos de Juan sobre todo, ojos negros, tristes, viejos. Si ojos viejos, como si hubieran vivido varias vidas tristes. Al mismo tiempo su mirada denotaba cierta
sabiduría ancestral, como si hubieran pertenecido a otros seres, a otras épocas, a otros lugares.
Lo acompaña un perro de raza indefinida, guachito como él. Juancito comparte la comida con el perrito de igual a igual. Es su única compañía. No le gusta estar mucho tiempo con chicos de su edad y se niega a reconocer si alguno le dice que lo conoce de la villa.
En el único bolsillo de su pantalón raído conserva una foto ajada en la que se ve un nene chiquito, una adolescente y una señora cuarentona muy bonita. Él dice que en la foto está con su mamá y su abuela en La Plata, 
cuando vivían en una casa de verdad y él veía de vez en cuando a su abuelo. Después su abuela se fue y tuvieron que dejar la casa y tomaron el tren con el atadito de sus cosas y se bajaron en cualquier estación  para probar suerte.
Cuando su mamá se iba a trabajar, él quedaba con una vecina que le gritaba y varias veces le pegó sin ningún motivo. Por eso, cada vez que su mamá lo dejaba él se escapaba y la esperaba en la estación.
Pasó el tiempo, se lo veía cada vez más flaco, más pálido y más triste.
Lo encontraron una mañana fría, en un banco del andén. Los ojos abiertos, sorprendidos, el perro a su lado, como queriendo darle calor. Nadie reclamó
su cuerpito y lo llevaron al cementerio como NN.
Estará reunido con su mamá o la seguirá esperando de cuatro a seis?




viernes, 6 de diciembre de 2013

Acromía



Me despierto sobresaltada. Habrá sido un ruido. Medio dormida llego al baño. Qué silencio. Voy a la cocina a preparar el mate. Miro el reloj 6.50. Es temprano. Qué silencio. Será porque es temprano. El agua caliente moja la yerba, gris? Estoy dormida todavía. La pava eléctrica me parece más negra que de costumbre. Debería haber dormido una hora más. Qué silencio. 
Enciendo la radio, las voces me resultan
desconocidas. Es el mismo programa de siempre, pero es como si hablaran sin entusiasmo. Suena el top de las 7.00. Qué raro y la cortina musical? Habrá muerto alguien importante y declararon duelo nacional? Si embargo no dicen nada. Mejor sigo con el mate. Qué tengo que hacer hoy: turno con el dentista a la 9, super, verdulería. A la tarde clase de canto. Uy, no estudié mucho. Busco el pen drive y lo enchufo en el
reproductor. No se escucha nada, se borró? Me da fiaca encender la compu. Mejor busco la hoja con la letra y la canto así sin pista. Encuentro la hoja pero está en blanco. Me confundí, no la encuentro. Me acuerdo que tengo el cd con la versión de Mercedes Sosa, lo pongo y nada. Lo saco, lo miro y parece uno virgen, ni una marquita. Trato de  no darle importancia. Quiero tararear la samba pero no me sale nada. En realidad, no me acuerdo cómo es la canción. En este momento no me acuerdo ni el arrozconleche. Y si falto? Agarro el celular y mientras llama se escucha un zumbido, me atiende una voz desconocida. Gaby? Si, te quería avisar que hoy no voy a la clase de canto. De costura querrás decir. Si claro, le sigo la corriente y cuelgo.
Tengo que regar las plantas. Salgo al balcón, grises, las hojas están grises!
Decididamente hoy no veo los colores. Me parece que en vez de ir al dentista tendría que ir al oculista. Se me fueron las ganas de regar.
Me ducho y me visto sin mirar. En el ascensor me llama la atención que no está el espejo de siempre. Se habrá roto. Salgo a la calle, todo muy raro, pero parece que a nadie le preocupa. Estoy perdiendo la razón o la vista, me parece que las cosas están pálidas, no, en realidad están grises. Me cruzo con el encargado del edificio. Qué tal José? Pasó algo? No que yo sepa. Ah, se ve todo tan diferente. No crea doña, lo de siempre, la rutina gris de todos los días. Desde cuando José hilvana más de dos palabras todo seguidito.
Voy para la verdulería. Qué tenía que comprar? Tomates, bien coloraditos, le digo al chico. Me mira como si estuviera loca. No es para menos, los tomates son grises! Pago y me voy. El colectivo es blanco y negro, desde cuando? Me acerco a la vidriera de la zapatería: como lo sospechaba, solo hay zapatos, blancos , negros y......grises!
Sigo caminado no muy convencida, la veo a Nancy que viene hacia mí. No está sonriente como siempre. La saludo, Nancy qué raro que está todo, no? Me mira sin entender. No, como siempre. Si pero sin color, le digo. Color, qué palabra tan antigua nadie la usa. Querrás decir sin cromos. Bueno, sí. Deberías estar acostumbrada, hace tanto. La dejo perpleja, yo, ella no. Vuelvo a casa, en una vidriera me miro de reojo.
Tengo un pantalón negro y una blusa gris. Yo no tengo ese tipo de ropa, digo de esos colores; no, se decía cromos. 

Entro a casa y llamo a mi hijo, mientras el teléfono llama miro y veo todo raro: el reproductor no está, en su lugar hay un aparato raro que no reconozco. Atiende mi hijo. Hola, ma. Me prestas tu disco de Mercedes Sosa que no encuentro el mío. De qué hablás ma? Quien es Mercedes Sosa y qué es un disco. Me estás bromeando. Si, claro se me acaba de ocurrir. Corto para que no piense que estoy loca. Me siento confundida, cansada, creo que debe esa hora que no dormí. Me voy al dormitorio, como lo sospechaba las sábanas son grises. Me acuesto y me duermo enseguida. :Me despierto y el sol brilla gris, como siempre. El silencio me tranquiliza,otro día más, gris como todos. Qué lindo silencio. Me levanto, enchufo la pava negra, lleno el mate con la yerba gris. Salgo al balcón, mis plantas reclaman un poco de agua. Que lindas se las ve, con ese gris brillante tan propio de esta época del año. Hoy qué tengo qué hacer? Dentista a las 9, super, verdulería, clase de costura al medidiodía.
Por suerte, todo está en orden y tranquilo.