lunes, 1 de diciembre de 2014

Choque
Ella hacía varios meses que no manejaba su auto. Iban a ir a una reunión familiar con su marido. Él al principio no que quería que ella manejara, pero finalmente cedió. Se dirigieron a la cochera y él le dio cientos de explicaciones de cómo proceder. Ella finalmente se sentó detrás del volante y salieron. Sentía satisfacción al ser dueña de la situación. Tenían que transitar por una ruta sin luces y poca señalización. Puso un cd en el reproductor cuando el camino comenzó a cubrirse de una espesa niebla. Su marido se ponía cada vez más impaciente, hasta que le gritó que parara. Ella, enojada, siguió adelante aminorando la velocidad.

De repente sintió un impacto, se abrieron los airbags y se puso todo negro. Perdió el conocimiento. Al despertarse escuchó voces, el ulular de la ambulancia. Miró a su lado y se tranquilizó al ver que su marido estaba luchando por zafarse del cinturón de seguridad. Ella comenzó a llorar, de susto, de desesperación, de impotencia porque no podía moverse. Con la ayuda de los camilleros y su marido lograron sacarla del auto. Estaba ilesa, sólo qué les habría pasado a los ocupantes del otro vehículo. Finalmente, logró ponerse de pie y al mirar comprobó, con cierto alivio, que había impactado con una vaca. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

La máquina de fiambre

Es una fría mañana de junio. Marina sale de su casa rumbo a la fiambrería. Pensó en cocinar una tarta de jamón y queso para cuando sus hijos lleguen del colegio. Se dirige a la fiambrería, para ello debe cruzar la vía del tren. Siempre lo hace por la misma barrera y sigue las indicaciones del guardabarrera, teniendo especial cuidado en las señales luminosa y acústica. En el negocio pide 200 gramos de jamón cocido y 150 gramos de queso. “Cortados bien finitos”, le dice al empleado. Piensa si necesita algo más y deja para la tarde la compra en la verdulería. Sale del negocio y desanda sus pasos. Cuando se está por acercar a la barrera ve, de lejos, mucha gente, una ambulancia que se acerca y un policía que pide calma. Al acercarse más escucha a unos chicos decir: “fijate si hay algún anillo”, “fijate en el reloj”.

sábado, 25 de octubre de 2014

Cosas de antes
¿Las cosas de antes eran mejores o no? El otro días caminando por el barrio recordé las antiguas ferias. Me acuerdo de ir con mi mamá, cuando yo era chica y caminar a través de los puestos: el verdulero, el que vendía pescado o carne, hasta mercería había en las ferias. No sé si siguen existiendo.
Otro recuerdo que tengo es acompañar a mi mamá a la chacharita, a la tumba de mi abuelo. Había muerto muy joven. Y esto me lleva a mi abuela, Graciana, la mamá de mi mamá que al quedarse viuda deambulaba por las casas de las hijas. Mi abuela era cleptómana, se llevaba algo, por ejemplo un sombrero o una cartera, de la casa de una hija y la llevaba a la casa de la otra. O, al pasar por una
verdulería, robaba naranjas con las que, después, hacía dulce.
Mi abuela era argentina, pero hija de italianos. Había nacido un 25 de mayo y por eso a su cumpleaños había que ir con escarapela, nos retaba si no lo hacíamos y cantábamos el himno en vez del “cumpleaños feliz”.
Mi otra abuela, la mamá de mi papá, era una asturiana dura y rígida, María, la antítesis de Graciana. Ojos negros, penetrantes, fríos. Los ojos de Graciana eran dulces, claros, esos que cambian de color con el tiempo.
Otro recuerdo: vivíamos en calle de tierra y muchas veces, cuando llovía, un vecino nos llevaba en carro al colegio. Además, recuerdo que pasaban por el frente de mi casa tropillas de vacas y terneros. Tan es así que una calle cercana se llamaba “Las tropas”.
El festejo del día de la primavera o del estudiante también era distinto. Recuerdo uno, en Gral. Belgrano, donde yo no me quería ni acercar a los muchachos y casi oficiaba de madre de mis amigas. Por supuesto que los grupos no eran mixtos ni bullangueros como ahora.
Yo no hablaba nada, sólo escuchaba, me costó tener mi primer noviecito y el pobre me sacaba las palabras con tirabuzón. Después, la vida, los tratamientos, el psicoanálisis me fueron abriendo.

Terminé una carrera universitaria, conseguí un buen trabajo, en el que conocí al amor de mi vida. Me volví locuaz, tuve un hijo hermoso que lleva el nombre de un músico: Juan Sebastián. Atravesé momentos horribles y otros hermosos. Ahora me siento plena, serena y feliz. 
Encuentro con mi futuro jefe
Lugar: baño de hombres
Sr. J. (jefe de la compañía), Sr. P. ( postulante a asistente del Sr. J.). El Sr.P. reconoce a J. por fotos.
Ambos en el mingitorio.
-          P: perdón estoy apurado
-          J: no se preocupe, dele nomás
-          P: eh.. eh.. lindo edificio
-          J: ¿qué? Amigo estamos en el baño
-          P: Si ya sé, no sé en qué estoy pensando.
-          J: Yo sí. Pienso en la manga de boludos que tengo que entrevistar dentro de un rato.
-          P: ¿eh? No sé qué decirle.
-          J: ¿y por qué me tendría que decir algo?
-          P: No sé, seguro que habrá alguien que valga la pena.
-          J: Son todos iguales. Se creen que porque tienen un título debajo del brazo ya está.
-          P: No sé qué decirle.
-          J: Ud. es tonto o se hace. Porqué tendría que decirme algo.
-          P: No yo decía…
-          J: Ud. no decía nada m´hijito. Mire lo que me hizo hacer: me oriné el zapato. Vaya y tráigame servilletas de papel. Parece mentira, mocoso.
-          P: No sé qué decirle…
-          J: La quiere terminar con eso. Ya me puso de mal humor. ¿Por qué no va a atender sus asuntos y me deja mear en paz?
-          P: ¿eh?,… ¿eh?.. adiós

-          J: ¿…….?

jueves, 16 de octubre de 2014

Metamorfo, tramoyista
Según la mitología y los conocimientos científicos del siglo XIII shapeshifting es la habilidad de transformarse físicamente adquiriendo otra forma, era por definición una facultad de la criatura mitológica, o sea mágica.
El concepto es muy antiguo y pertenece a la cultura universal, presente en las formas más antiguas de totenismo y chamanismo. Está presente en poemas épicos como La Ilíada, en el que el shape-shifting es inducido por una deidad.
Ahora, en el siglo XXII, se sabe con certeza que la existencia de los metamorfos excede la fantasía, son un realidad, sobre todo PH (post hecatombe). Cuando la humanidad estuvo a punto de desaparecer, hace 250 años, aparecieron subespecies humanas, poco definidas. Algunas muy dañinas, que fueron combatidas y obligadas a "auto-extinguirse". Otras inofensivas y aún simpáticas, comos los saphe-shifters. Éstos tienen la característica de cambiar de forma y no siempre a voluntad. Tienen la característica de cambiar de forma y no siempre a voluntad. En la mayoría de los casos lo hacen cuando están concentrados mirando una persona, animal u objeto. El cambio de aspecto los saca de ese ensimismamiento y al cambiar, generalmente, son objeto de burla y viven una vida miserable. Para presevarse no viven en grupos, no se acercan a los grandes conglomerados humanos y tienen especial cuidado en no convertirse en objetos, situación muy peligrosa, ya que no pueden salir de ese estado salvo que sean rescatados por un humano normal.
Mariano estuvo enamorado de Marisa, su compañera de escuela, de juegos, aventuras, desde la adolescencia. A lo 19 o 20 años empezó a sentir los primeros síntomas de que algo andaba mal. Tenía períodos de ensimismamiento y al consultar a su médico, éste casi le aseguró que iba camino a la mutación total e irremediable. No había nada que pudiera hacerse .
Fue así que se alejó de su familia, amigos y abandonó para siempre su prometedora carrera de físico antropológico. Tuvo vergüenza de confesárselo a Marisa y la dejó sin dar explicaciones. Ella por su lado se fue a Europa a terminar sus estudios de Ciencias Ocultas y ninguno de los dos supo más nada del otro.
Mariano vaga por las calles sin ser advertido por los demás. Lleva una existencia triste, solitaria, predecible. Se cuida particularmente de no acercarse demasiado a otro ser humano para no hacer el ridículo. Corre una broma muy cruel, que consiste en enfrentar al metamorfo con un espejo. En ese caso queda atrapado en su propia forma sin saberlo y sin adivinar porqué los demás se ríen a su alrededor. A menudo caen en una profunda depresión. Sólo les queda el suicidio. Para ello es fácil, consiste en acercarse a un objeto frágil, como por ejemplo un insecto y tomar su forma esperando tranquilamente la muerte. En otras ocasiones se enfrentan a un cristal y desaparecen hechos añicos.
Mariano está acostumbrado a la frustración y sólo les queda la resignación.
Un domingo de verano está paseando por una calle solitaria y a los le parece ver una foto de Marisa. Se acerca con cuidado hasta darse cuenta que se trata del anuncio de un nuevo libro de la mundialmente aclamada especialista en ciencias ocultas, la doctora Marisa Blanes. Mariano no supo si alegrarse o no. Por un momento pensó en la posibilidad de presentarse el día señalado y observarla a la distancia. Eso lo puso más triste aún. Sin darse cuenta se fue acercando cada vez más a la vidriera, hasta ver reflejada su imagen en el cristal, en el que se reflejada la foto de Marisa con total nitidez. Una suave brisa lo tumbó y terminó hecho añicos en la vereda. Nadie lo extrañó.
La baulera
Por María Graciela Argüelles
Eran dos amigas, beatriz y Cristina. Cristina vive en en el 6to. D de un edificio de departamentos. Se encuentran a tomar un café y Beatriz le comenta a Cristina que necesita una silla de playa porque se va a Mar del Plata.
Cristina accede con gusto al pedido de su amiga. Cuando llega a su departamento toma la llave de acceso a las bauleras y la del candando de la jaula que le corresponde a ella. Toma el ascensor y baja. Cuando abre las bauleras siente que un escalofrío le recorre la espalda. No le da importancia y se dirige a su jaula. En ese momento se apaga la luz. No hace caso porque enseguida vuelve. Abre y saca la silla. Otra vez el apagón y el escalofrío.
Al día siguiente el encargado del edificio encuentra manchas de sangre en el acceso a las bauleras.
Nunca más se supo de la vecina del 6to D.
Fin

domingo, 21 de septiembre de 2014

Suicidio
Por María Graciela Argüelles
Era un domingo soleado como otros.

Ella se estaba preparando para su caminata. Su marido se acababa de ir. De repente la invade un pánico, una desesperación que no puede resistir. Trata de pedir ayuda pero todo se le nubla. Gritos desesperados salen de su garganta. Finalmente abre al ventanal que da al balcón y se tira. Al caer se le aparecen las sucesión de balcones. No recuerda nada más, los vecinos la vieron salir caminando. Lo próximo que recuerda es la ambulancia, el hospital, ruega que la dejen morir. Sus familiares lloran junto a ella rogándole que no. La llevan al quirófano y se despierta en la habitación rodeada de afecto. En ese momento decide internarse en el neuropsiquiático. Esto lo escribe desde allí, a punto de ser dada de alta. La angustia y el miedo y la falta de sueño la acompañan.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Ausencia
Por María Graciela Argüelles

Un día me levanté y estaban tirando abajo la casa de enfrente. Ésa de la que había visto sacar un piano y una pareja de ancianos despidiéndolo. Está en un uno de mis cuentos ¿se acuerdan? Me pregunté qué había sido del piano y de los ancianos. Los ancianos quizás murieron, uno o los dos o viven con los hijos en un departamentito como los que van a construir enfrente en nombre del progreso.                 

martes, 8 de julio de 2014

El miedo no es zonzo
Siempre está agazapado. Listo para atacar, lo mejor es librarse de él, pero ¿cómo? La desesperanza es lo peor. Me siento atrapada en un cuerpo de un anciano con una mente que trabaja demasiado. Trabaja a todas horas. Y el círculo vuelve a empezar. Rodar? Darse manija? No tenerse paciencia?......

Banfield 30/06/14
El miedo al miedo
Volvió a los lugares que la asustaban. Se compró en el tren, una linternita de ésas que venden en los trenes.
El vendedor pregonaba:  "linterna pequeña, sirve para buscar las llaves, para que los chicos jueguen a buscar los monstruos debajo de la cama, en la oscuridad de un corte de luz"
El monstruo ya no está, cuando lo enfrentó, desapareció.
Aprendió que cada día es mejor que el anterior. Sin embargo, ella no lo  puede ver, el pánico se lo impide. Sin embargo lo enfrenta.


La bella durmiente o la desaparecida
Banfield 7/6/14
La muy puta me sacó 23 días de mi vida en la clínica, me sacó la tranquilidad, tengo miedo de todo, dudo de todo, busco puntos de referencia en todos lados. Ésta es una secuela, están las secuelas psíquicas que me dejó esa puta, hija de mil putas. Después me abandonó a mi suerte, como hicieron los milicos en el proceso.
Me siento una desaparecida. Era verano, usaba ropa liviana, había ido a Mar del  Plata para que arreglaran unos cables en el departamento. Y eso desapareció de mi memoria.
Ahora la memoria la estoy recuperando. Me sacó la fecha patria del 25 de mayo, me dí cuenta de todo cuando la vi en la calle. Yo estaba esperando a Coco, en la puerta del laboratorio, para hacerme el pre-quirúrgico y se acercó como si nada pasara: PUTA, PUTA
Me abandonaste, Ahora me siento una desaparecida, una nieta recuperada. Siento que acabo de salir del seno materno. Por suerte, ahora, le perdí el miedo a la clínica. Esto lo logré gracias al amor de mi mamá, que ya no está y aún la lloro, a mi papá, que también lo lloro, a Magdalena que se murió durante mi tratamiento, a mis colifatos queridos. A ellos les tuve la paciencia que no me estoy teniendo ahora.
Y gracias a los que están siempre presentes: mi hermana-amiga amiga-hermana, a mi amiguita que me recomendó el nuevo psiquiatra, al amor de mi vida: Coco, a mi hijito querido, Juan Sebastían, a Lara, su compañera, al argenchino que me hace acupuntura y me da consejos.
Ahora estoy muerta de miedo por la operación, pero no estoy muerta, H de P, te odio con las vísceras, no con el corazón, porque ese lugar está calentito, abrigadito y cuidadito.
ME DESAHOGUÉ
Gracias cuñado, Ke-Shin, por tratarme con tanta gentileza el jueves.
Un gracias enorme a Gaby, mi profe de canto, que es una genia y me está enseñando como si yo fuera una nena chiquita.
Así me siento, confundida, asustada.
Estoy pasando por un stress post-traumático y no tengo paciencia ¡PACIENCIA!
Esto es lo que me hace falta. Tenía miedo de no poder cantar y estoy cantando y bailo con cualquier música y hago gorgoritos con una palabra PUTA. La voz está, tengo que estudiar o por lo menos proponérmelo con cariño, con paciencia, con amor…….
Esto es lo que recibo de todos, a “su aire” y yo también estoy encontrando “mi aire”.
Estoy sana intelectualmente porque estoy escribiendo sin dudarlo. Todavía quedan las secuelas que me dejó la  H de P. Para sanarme del todo, en cuerpo y alma, debo seguir las indicaciones de los médicos,  o sea, ir a operarme tranquila, ir al médico de la abejitas (apitoxina) porque ni él ni ellas tienen la culpa de lo que me pasó.
Me dan miedo los círculos, pero los enfrento. El laberinto de mi cabeza me asusta, pero lo enfrento.
Estoy emocionada, porque escucho la radio y puedo concentrarme en lo que dicen. Debo dejar salir la emoción,

Me siento como la protagonista de una película que aquí se llamó Luna de miel y el título original es BLENDED. La traducción de esta palabra es MEZCLADO. Los protagonistas son Drew Barrymore y Adam Sandler. En ella la protagonista pierde la memoria, a raíz de un accidente, y cada día, para ella, es el mismo. Gracias al amor del novio consigue finalmente tener una vida normal. 

viernes, 21 de febrero de 2014

El masaje

Clara se aburre.
Charla con las amigas, juega al tenis, va a mirar vidrieras al shoping. Una de sus amigas le recomienda una masajista. "Su" masajes, dice la tarjetita. Y para que voy a ir. Y que sé yo. Te relaja, te mima, salís renovada, hecha otra mujer.
Cuando llega a su casa lo comenta con su marido. Y andá, le dice él sin prestar demasiada atención. Total mal no te va a hacer y de paso dejas de aburrirte.
Pide un turno y va. La recibe Su, una mujer de mediana edad, delgada, chiquita. La hace pasar. Sacate la ropa, acostate en la camilla y ahora empezamos.
Enseguida se siente bien, suave perfume de saumerio, luz suave, música. Piensa en lo que le dijo su amiga: vas a salir siendo otra mujer. Y de verdad lo creyó. Con mano experta Su comenzó con un masaje fuerte, para descontracturar. Le puso electrodos y terminó untándola con un delicioso aceite que despertó su sensualidad dormida. Llegó a su casa y se fue derecho al dormitorio para retener esa sensación de bienestar.
Dormió hasta el otro día de un tirón. Desayunó y la llamó a su amiga para contarle. Tenías razón esto es estupendo. Ahora mismo la llamo y reservo turno para ir tres veces por semana.
Al día siguiente volvió y se repitió el ritual. Esta vez los masajes le parecieron más profundos, era como si le estuvieran tocando las entrañas. Qué exagerada, pensó. Esa noche no pudo dormir, se sentía rara. En el desayuno se lo comentó a su marido. Tomate un ibuprofeno, le dijo mientras mordía una tostada.
Mientras se vestía le pareció estar más cansada que nunca. Cuando se subió el pantalón notó que le quedaba holgado. Deben ser los masajes, me dijo Laura que reducen. No tuvo ganas de hacer nada hasta que llego la hora de ir a lo de Su.
Cuando le abrió la puerta le costó reconocerla. La vió más grande, no, más alta. Debe tener tacos. En realidad estaba descalza como siempre. Que se bien se te ve Su. En cambio yo no estoy en mi mejor momento. No te preocupes que mis masajes te van a dejar como nueva. Otra mujer.
Para volver a su casa tomó un taxi. Estaba sin fuerzas. Será que estoy relajada. Esa noche durmió, durmió, durmió. Se despertó al otro día a las dos de la tarde. Lo llamó a su marido para reclamarle no haberla despertado. Si total no tenés nada que hacer y cortó. Para no defraudarlo no hizo nada en todo el día. Hasta se olvidó de comer y vestirse. Esta vez tuvo que ir en taxi. No tenía fuerzas. Además se tuvo que poner un conjunto deportivo que casi se le caía. Como puede ser que esté tan delgada. Me estoy descuidando con la comida. Ni siquiera se acuerda cuando fue la última vez que comió. Mira el celular y se da cuenta que no lo puso a cargar. Me habré bañado, espero que si.
Esta vez no tiene dudas Su está más alta, se la ve más joven, el pelo le reluce y la dentadura la tiene blanquísima. Su me tenés que contar tu secreto. Se te ve muy renovada. Estás bárbara. Es que soy otra. Terminados los masajes le dice a Su que le pida un remis. Cuando se baja en la puerta de su casa se desploma en la vereda. Trata de pedir ayuda pero no le sale la voz. La gente que pasa parece no verla.
A las nueve de la noche Su llega a la casa de Clara. Toca el timbre y le abre la puerta el marido. Clara qué cambio. Qué te hiciste, fuiste a la peluquería. No, es el masaje.....

La mariposa

Ana vuelve del trabajo.
Julio, noche fría. A pesar de las advertencias de su madre se dirige al túnel debajo de las vías.
Descree de todos los mitos que se tejieron desde que lo construyeron. Por las dudas, apura el paso en cuanto se interna en el pasadizo.
De repente siente un cosquilleo en la base del cuello. Se toca, no tiene nada. Será la mariposa que quiere volar. Se rie de su propia ocurrencia, pensando en el único tatuaje que se permitió tener. Una mariposa de colores, chiquita, en el cuello, bien arriba para que el pelo la tape.
 Sigue caminando rápido. Esta vez es más que una sensación, realmente siente una punzada en el mismo lugar. Tiembla de miedo. Se da vuelta con la certeza de que hay alguien más. Nada. Qué tonta se dice cuando el paso de un auto con las luces prendidas la tranquiliza.
 Otra vez, da un manotazo en el aire. Su mano roza algo, que no sea un murciélago, ruega para sí. De sólo pensarlo le da asco.
Casi corre, mirando desesperada la salida. Otra vez la presencia, otra vez se da vuelta y nada. El dolor en el cuello es insoportable. A duras penas sale a la calle.
Cae como una marioneta a la que le cortaron el piolín.
Su cuerpo yace en la morgue a la espera de su madre.
Lacónica la ficha dice: Ana Rosales, 32 años, sin signos de agresión, heridas ni golpes. Causal de la muerte: paro cardiorespiratorio, llegó a la guardia sin signos vitales. Marcas, cicatrices o tatuajes: ninguno.

lunes, 10 de febrero de 2014

La verdad



Se despertó con ganas de volverse a dormir para seguir el hilo del sueño soñado esa madrugada. Tenía un bebé en brazos, tan luego ella que ni a sus sobrinos había sostenido cuando nacieron, y tampoco cuando fueron creciendo y se transformaron en nenitos gorditos, rosados, adorables. Ella adoraba a los melli, sin embargo no podía demostrarlo. Tenía una total imposibilidad del contacto físico con los chicos, algo tan común para el resto de los mortales. Volviendo al sueño le parecía recordar que no sólo sostenía al bebé si no que lo estaba amamantando. Ridículo, pensó, un sueño ridículo.
Unos días después volvió a soñar con la misma criatura. Lo vio claramente, lo estaba amamantando y se miraban a los ojos. El nene tenía los ojos iguales a los suyos. Grises  que cambian la tonalidad según la luz. Esta vez el sueño la intranquilizó, no pudo sacárselo de la cabeza en todo el día. Trató de recordar algún otro detalle pero fue en vano. Le llamaba la atención haber soñado con un niño tomando la teta, su teta, ella que siempre salía del cuarto cuando su hermana o alguna de sus amigas daba de mamar.
Pasaron varios días y finalmente cuando parecía haberse olvidado del asunto soñó con total claridad, se soñó dando la teta al mismo niño, ese niño que tenía sus ojos. De pronto el sueño se convertía en pesadilla, unas manos de finos dedos llenos de anillos, le arrebataban la criatura y todo se volvía negro. Esa secuencia se repitió durante varias noches, dejándole un deja vu al despertar. Ahora sí se reconocía con total claridad, era muy joven, una niña casi. Como lo era en esa época de la cual no recordaba nada. Esos años oscuros en los que perdió la razón y estuvo en un  hospicio del que se fue un día no muy convencida de tener una vida extramuros. Fueron diez años arrebatados por la locura, los tratamientos horrorosos, el encierro, las paredes acolchadas. Cuanto tiempo había pasado desde todo aquello. Casi 50 años. Ahora era casi una anciana, solitaria, aunque su hermana, su cuñado y los melli hacían lo imposible por su bienestar. Los melli eran dos hombrotes hermosos, llenos de hijos, risas y alegría. Secretamente envidiaba a su hermana. La consideraba el positivo de una foto, ella era el negativo nunca revelado. Esta vez quiso saber más, quiso saber si su sueño era un recuerdo o deseos muertos.
Acudió a su madre por los detalles. Ma, en qué año me internaron? No me acuerdo, preguntale a tu padre. Mamá, papá está muerto. No digas pavadas, como va a estar muerto si esta mañana hablé con él.
Por ese lado no iba a averiguar nada. Recurrió a su tía, la hermana menor del padre.  Ella sí se acordaba. Acababas de cumplir 15, me acuerdo perfectamente, a la misma edad en que las chicas eligen el traje para la fiesta, a vos te ponían un  chaleco de fuerza y te subían a una ambulancia. Tía, qué pasó conmigo antes de eso? No sé querida, yo todavía no había venido de España. Cuando llegué, vos ya estabas mal de la cabeza, no reconocías a nadie gritabas todo el día. Qué decía tía? No sé, no se entendía. Hablabas de que te habían sacado algo. Una muñeca creo. Yo te regalé una muy linda pero la tiraste al piso y se rompió.
Cómo se llamaba el lugar donde me encerraron? Creo que Hospicio de Santa Ana o Santa Cecilia. No me acuerdo. Nena dejá de acordarte de esas cosas feas, viví el presente nena.
Le dio mucha ternura esta tía que no era mucho mayor que ella y la trataba con el cariño que su madre nunca le demostró. Del padre no podía decir nada porque no recordaba ningún gesto de afecto, sólo esa mirada de reproche que la persiguió durante buena parte de su vida.
Recurrió a uno de los nietos de su hermana para que le explicara cómo buscar algo en la computadora. Internet  se llama tíabu, le dijo el joven. Bueno como sea, quiero buscar la dirección de esto: clínica o sanatorio Santa Ana o Santa Cecilia. Así se enteró que no existía más la clínica Santa Ana, especializada en neurastenia y otros desórdenes psiquiátricos, la habían demolido dos décadas atrás. Trató de averiguar qué había sido de los expedientes o historias clínicas de los pacientes, pero no consiguió nada. Como ese lugar había pertenecido a la Municipalidad, allí se fue para tratar de saber. Le dijeron que las historias de aquella época se  habían incinerado.
No había caso no tenía ningún dato. Su hermana era varios años menor, con lo cual no tenía memoria de aquellos días. Para ella su hermana mayor era rara, pero no podía imaginarla internada en un manicomio.
Pasaron varios días y no podía sacarse el asunto de la cabeza. Volvió a soñar. Cada vez había más detalles: ella en una sala llena de luces, rodeada de gente con guardapolvos y guantes de cirugía en las manos. Operada? No nunca me operaron de nada. Uno de los personajes del sueño, una mujerona rubia de cachetes colorados, le decía: dale nena que no tengo todo el día, pujá, dale, no grites, que querés que se entere todo el hospital. Finalmente un llanto de bebé y ella sola en una camilla y con fuertes dolores. Después una habitación blanca con olor a desinfectante. Ella dando la teta y las manos arrebatadoras….
Se despertó llorando desconsoladamente y con la sensación de que le faltaba algo.
Y si de verdad soy yo la que di de mamar? Cómo saberlo. Se acordó del ginecólogo al que fue a regañadientes ante los ruegos de su hermana.
Pidió un turno y fue, temprano, nerviosa, con ganas de irse.
Señora, qué tal, qué la trae por aquí? Ya le tocan los controles?
No doctor, todo bien. Tengo una pregunta para hacerle. Dígame. Doctor, yo le dije que soy virgen.
Y yo no le creí.
Cómo?
Si señora no le creí porque el cuerpo no miente, usted, por lo menos tuvo un parto.
No! No puede ser, yo,       no, no me acuerdo. Entonces puede ser que haya dado la teta.
Claro señora, en aquellos años al bebé apenas nacía se lo ponía en el pecho de la madre.
Doctor, estoy tan confundida. No sé que decir.
No tiene que darme ninguna explicación. Por alguna razón su mente borró ese recuerdo.
Y por qué doctor?
Por el dolor del parto, porque no quería ser madre….
O porque me arrancaron a mi hijo de mis brazos!
El médico la miró y no pudo articular ninguna palabra. Su memoria le trajo imágenes de los desaparecidos, los niños nacidos en cautiverio y arrancados de los brazos de la madre. No, no podía ser, esta mujer es muy mayor, tiene que haber sido alguna vergüenza familiar, de esas que se ocultaban.
Doctor le agradezco.
Señora, lo siento pero no puedo hacer más nada por usted. Tendrá que averiguarlo por usted misma.
Corrió a la casa de su hermana, no sabía si contarle o no. Finalmente lo hizo y lloraron las dos abrazadas. No entendían, pero se entendían. Tenés que insistir con mamá, ella te tiene que decir.
Vamos, yo te acompaño. No, quedate, prefiero ir sola.
En la casa de su madre se sintió mal, intranquila, esa casa que había sido la suya la recibía con la frialdad de siempre. En realidad la frialdad de su madre.
Ma, te pido por favor que me digas la verdad. Qué pasó cuando me internaron. Te volviste loca, eso es lo que pasó. Pero, por qué? Eras una puta. Mamá…..qué decís. Si una puta que se acostaba con mi marido. Mamá te volviste loca, cómo podés decir una cosa así. Porque es la verdad, te acostabas con él todas las noches y a mí no me quería ver. Pero, mamá, yo era una criatura. Qué estás diciendo que mi padre me violó, eso estás diciendo….?
Para el caso es lo mismo, vos se lo permitiste, y encima quedaste encinta, la muy puta.
Mamá,…se le ahogó el grito y no pudo seguir. Volvió a su casa con un gusto amargo en la boca. No podía creer lo que ahora sabía.
Dejó pasar varios días y volvió a la casa de su madre. Con tranquilidad, no le preguntó, le dijo: mi padre me violaba a los 15 años, vos lo sabías y no me defendiste, tuve un hijo y me lo sacaron. Soy una vieja amargada, incapaz de dar y recibir cariño y encima mi madre me llama puta. PUTA, PUTA, P U T A
Yo, víctima de la violencia de ustedes, los seres que tendrían que haberme querido, cuidado, los odio, mamá a vos más. Sos mi madre y no hiciste nada.
Su madre, al principio quiso defenderse, finalmente rompió a llorar y entre hipos le pidió perdón.
No mamá, así no se arregla. Me tenés que decir dónde está mi hijo. Mamá hablá!!!
Para qué querés saber, es historia antigua.
Entonces vos sabés, te exijo que me digas.
Se lo llevó la sra.de Aranguren. La ricachona de la otra cuadra. Nos pagaron muy bien.
Se lo compraron, mamá no lo puedo creer.
No grites, que con esa plata pudimos internarte en el sanatorio.
Yo no estaba loca, ustedes me robaron un hijo y diez años de mi vida.
Su madre se puso como loca, empezó a desvariar. Ella se fue, nunca volvió.
Fue a la casa de los ricachones. Abrió la puerta un hombre de ojos tristes, como los suyos, grises, como los suyos.
Para los dos fue un proceso doloroso aprender a vivir con la verdad, dolor necesario para curar heridas que nunca habían dejado de sangrar. Su padre se llevó su secreto a la tumba, pero la verdad pudo más y salió a la superficie para arreglar algunas cosas. No todas. Los años transcurridos en soledad, para la madre y el hijo. El no haber podido compartir las cosas comunes que los hijos y las madres comparten.
Finamente esos dos extraños se confundieron en un abrazo largo, profundo, con lágrimas, amargo, necesario.

domingo, 2 de febrero de 2014

bla, bla, bla (si, con minúsculas)

Las musas se escaparon de mí, o estarán de vacaciones, como dice el Nano. Lo malo es dejar en remojo el cerebro y que se pase de blando. Qué se hace? Eh?
 Es como cuando se te pasan los fideos, qué hacés? Eh?
Otra vez el canal Gourmet interfiriendo. Siempre la asocación de las vacaciones con el morfi: un alfajor, total es mini, esta noche una pizzita, antes del teatro una picadita. Y dale que va.
Pensar que antes de las vacaciones uno se cuida para que le entre la malla. Y a los dos días de playa tira todo el esfuerzo a la basura. Tendría que venir de vacaciones sin mí. Sería ideal, una tipa sin vueltas, que no se tienta con la comida, sale a trotar todas las mañanas, en el mar nada en vez de tirarse en la reposera a tomar mate con churros y después se siente culpable por la panza irremediable.
 Oh! Me acabo de dar cuenta que hice una semblaza de mí a los 18? 20? Qué lo tiró. Dónde estás. Te dejé en algún lado y me olvidé de pasar a buscarte? Dónde? Será que pensé lo mismo que ahora y te dejé guardada en en casa y te fermentaste o te hizo mal la humedad y te creció moho. Qué? Dónde estás?
Se está quemando mi último leño en el hogar, dice el poeta. Espero que no. Será que el leño se humedeció y no enciende? Qué? Eh? Que alguien me conteste, si no sigo con el mate y los churros, y el pantalón que no cierra y..Dale morocha, aparecé, porfi. Yo sé que ahora te teñís de castaño clarito Nº 58. Pero dale, en algún lado estás, no es cierto? O te fuistes con las desilusiones, los desamores los fracasos, la enfermedad, la ausencia de los viejos? Morocha, dale, si?
Si la ven por ahí la van a reconocer enseguida: alta, digna, cuerpo con curvas reales, pelo oscuro, liso, laaaaargo. Camina decidida como si supiera adonde va. por dentro se muere de miedo, pero nadie lo nota. No le molesta andar sola. La vieron? Avisen eh? Diganle que la edad madura apesta, pero es inevitable, salvo la muerte prematura que también es un asco. Diganle, eh? Corto acá lagrimeo y no veo las letras, un asco. Ya se me pasa o no...

domingo, 5 de enero de 2014

Metamorfosis o Que me perdone Kafka

Se termina de duchar como todas las mañanas. Cuando se seca nota algo entre los dedos de los pies. Manotea un pomo del botiquin y, aunque está vencida, se pone un poco de crema para el "pie de atleta". De atleta no tengo nada, pero seguro que me cura los hongos. Se pone desodorante y las axilas le arden mucho más que de costumbre. Esta mañana estoy hecho un mariquita, piensa mientras se termina de vestir. Sube al auto y se acuerda que le prometió a su novia que sacaría las entradas para la última de Darín. Uf, llego tarde al laburo, se dice mientras piensa que es preferible un enojo de su jefe a un enojo de su novia. Preferiría un buen baño de inmersión, solo, antes que ir al cine. Pero qué estoy diciendo, se dice en voz alta. Se acuerda que salió sin desayunar, y de sólo pensar en el café con medialunas de todos los días, le dan náuseas. Qué me está pasando. Gusanos, pescado crudo. De dónde salen esos pensamientos. El canal gourmet no habla de esas cosas y Marley no es santo de su devoción. No se siente cómodo manejando, le echa la culpa al calor y al tránsito. Le falta el agua. El agua? El aire, querrás decir! Llega a la oficina sin aliento, como si hubiera venido corriendo. Se desploma en la silla de su escritorio y se le cae la cabeza, mientras que la boca trata de tragar todo el aire que puede, el aire? Un compañero lo encuentra desmayado y llaman al Same. El paramédico le coloca la mascarilla de oxígeno y muere entre convulsiones. Debajo de la camisa se adivinan las escamas brillantes.