lunes, 1 de diciembre de 2014

Choque
Ella hacía varios meses que no manejaba su auto. Iban a ir a una reunión familiar con su marido. Él al principio no que quería que ella manejara, pero finalmente cedió. Se dirigieron a la cochera y él le dio cientos de explicaciones de cómo proceder. Ella finalmente se sentó detrás del volante y salieron. Sentía satisfacción al ser dueña de la situación. Tenían que transitar por una ruta sin luces y poca señalización. Puso un cd en el reproductor cuando el camino comenzó a cubrirse de una espesa niebla. Su marido se ponía cada vez más impaciente, hasta que le gritó que parara. Ella, enojada, siguió adelante aminorando la velocidad.

De repente sintió un impacto, se abrieron los airbags y se puso todo negro. Perdió el conocimiento. Al despertarse escuchó voces, el ulular de la ambulancia. Miró a su lado y se tranquilizó al ver que su marido estaba luchando por zafarse del cinturón de seguridad. Ella comenzó a llorar, de susto, de desesperación, de impotencia porque no podía moverse. Con la ayuda de los camilleros y su marido lograron sacarla del auto. Estaba ilesa, sólo qué les habría pasado a los ocupantes del otro vehículo. Finalmente, logró ponerse de pie y al mirar comprobó, con cierto alivio, que había impactado con una vaca. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

La máquina de fiambre

Es una fría mañana de junio. Marina sale de su casa rumbo a la fiambrería. Pensó en cocinar una tarta de jamón y queso para cuando sus hijos lleguen del colegio. Se dirige a la fiambrería, para ello debe cruzar la vía del tren. Siempre lo hace por la misma barrera y sigue las indicaciones del guardabarrera, teniendo especial cuidado en las señales luminosa y acústica. En el negocio pide 200 gramos de jamón cocido y 150 gramos de queso. “Cortados bien finitos”, le dice al empleado. Piensa si necesita algo más y deja para la tarde la compra en la verdulería. Sale del negocio y desanda sus pasos. Cuando se está por acercar a la barrera ve, de lejos, mucha gente, una ambulancia que se acerca y un policía que pide calma. Al acercarse más escucha a unos chicos decir: “fijate si hay algún anillo”, “fijate en el reloj”.

sábado, 25 de octubre de 2014

Cosas de antes
¿Las cosas de antes eran mejores o no? El otro días caminando por el barrio recordé las antiguas ferias. Me acuerdo de ir con mi mamá, cuando yo era chica y caminar a través de los puestos: el verdulero, el que vendía pescado o carne, hasta mercería había en las ferias. No sé si siguen existiendo.
Otro recuerdo que tengo es acompañar a mi mamá a la chacharita, a la tumba de mi abuelo. Había muerto muy joven. Y esto me lleva a mi abuela, Graciana, la mamá de mi mamá que al quedarse viuda deambulaba por las casas de las hijas. Mi abuela era cleptómana, se llevaba algo, por ejemplo un sombrero o una cartera, de la casa de una hija y la llevaba a la casa de la otra. O, al pasar por una
verdulería, robaba naranjas con las que, después, hacía dulce.
Mi abuela era argentina, pero hija de italianos. Había nacido un 25 de mayo y por eso a su cumpleaños había que ir con escarapela, nos retaba si no lo hacíamos y cantábamos el himno en vez del “cumpleaños feliz”.
Mi otra abuela, la mamá de mi papá, era una asturiana dura y rígida, María, la antítesis de Graciana. Ojos negros, penetrantes, fríos. Los ojos de Graciana eran dulces, claros, esos que cambian de color con el tiempo.
Otro recuerdo: vivíamos en calle de tierra y muchas veces, cuando llovía, un vecino nos llevaba en carro al colegio. Además, recuerdo que pasaban por el frente de mi casa tropillas de vacas y terneros. Tan es así que una calle cercana se llamaba “Las tropas”.
El festejo del día de la primavera o del estudiante también era distinto. Recuerdo uno, en Gral. Belgrano, donde yo no me quería ni acercar a los muchachos y casi oficiaba de madre de mis amigas. Por supuesto que los grupos no eran mixtos ni bullangueros como ahora.
Yo no hablaba nada, sólo escuchaba, me costó tener mi primer noviecito y el pobre me sacaba las palabras con tirabuzón. Después, la vida, los tratamientos, el psicoanálisis me fueron abriendo.

Terminé una carrera universitaria, conseguí un buen trabajo, en el que conocí al amor de mi vida. Me volví locuaz, tuve un hijo hermoso que lleva el nombre de un músico: Juan Sebastián. Atravesé momentos horribles y otros hermosos. Ahora me siento plena, serena y feliz. 
Encuentro con mi futuro jefe
Lugar: baño de hombres
Sr. J. (jefe de la compañía), Sr. P. ( postulante a asistente del Sr. J.). El Sr.P. reconoce a J. por fotos.
Ambos en el mingitorio.
-          P: perdón estoy apurado
-          J: no se preocupe, dele nomás
-          P: eh.. eh.. lindo edificio
-          J: ¿qué? Amigo estamos en el baño
-          P: Si ya sé, no sé en qué estoy pensando.
-          J: Yo sí. Pienso en la manga de boludos que tengo que entrevistar dentro de un rato.
-          P: ¿eh? No sé qué decirle.
-          J: ¿y por qué me tendría que decir algo?
-          P: No sé, seguro que habrá alguien que valga la pena.
-          J: Son todos iguales. Se creen que porque tienen un título debajo del brazo ya está.
-          P: No sé qué decirle.
-          J: Ud. es tonto o se hace. Porqué tendría que decirme algo.
-          P: No yo decía…
-          J: Ud. no decía nada m´hijito. Mire lo que me hizo hacer: me oriné el zapato. Vaya y tráigame servilletas de papel. Parece mentira, mocoso.
-          P: No sé qué decirle…
-          J: La quiere terminar con eso. Ya me puso de mal humor. ¿Por qué no va a atender sus asuntos y me deja mear en paz?
-          P: ¿eh?,… ¿eh?.. adiós

-          J: ¿…….?

jueves, 16 de octubre de 2014

Metamorfo, tramoyista
Según la mitología y los conocimientos científicos del siglo XIII shapeshifting es la habilidad de transformarse físicamente adquiriendo otra forma, era por definición una facultad de la criatura mitológica, o sea mágica.
El concepto es muy antiguo y pertenece a la cultura universal, presente en las formas más antiguas de totenismo y chamanismo. Está presente en poemas épicos como La Ilíada, en el que el shape-shifting es inducido por una deidad.
Ahora, en el siglo XXII, se sabe con certeza que la existencia de los metamorfos excede la fantasía, son un realidad, sobre todo PH (post hecatombe). Cuando la humanidad estuvo a punto de desaparecer, hace 250 años, aparecieron subespecies humanas, poco definidas. Algunas muy dañinas, que fueron combatidas y obligadas a "auto-extinguirse". Otras inofensivas y aún simpáticas, comos los saphe-shifters. Éstos tienen la característica de cambiar de forma y no siempre a voluntad. Tienen la característica de cambiar de forma y no siempre a voluntad. En la mayoría de los casos lo hacen cuando están concentrados mirando una persona, animal u objeto. El cambio de aspecto los saca de ese ensimismamiento y al cambiar, generalmente, son objeto de burla y viven una vida miserable. Para presevarse no viven en grupos, no se acercan a los grandes conglomerados humanos y tienen especial cuidado en no convertirse en objetos, situación muy peligrosa, ya que no pueden salir de ese estado salvo que sean rescatados por un humano normal.
Mariano estuvo enamorado de Marisa, su compañera de escuela, de juegos, aventuras, desde la adolescencia. A lo 19 o 20 años empezó a sentir los primeros síntomas de que algo andaba mal. Tenía períodos de ensimismamiento y al consultar a su médico, éste casi le aseguró que iba camino a la mutación total e irremediable. No había nada que pudiera hacerse .
Fue así que se alejó de su familia, amigos y abandonó para siempre su prometedora carrera de físico antropológico. Tuvo vergüenza de confesárselo a Marisa y la dejó sin dar explicaciones. Ella por su lado se fue a Europa a terminar sus estudios de Ciencias Ocultas y ninguno de los dos supo más nada del otro.
Mariano vaga por las calles sin ser advertido por los demás. Lleva una existencia triste, solitaria, predecible. Se cuida particularmente de no acercarse demasiado a otro ser humano para no hacer el ridículo. Corre una broma muy cruel, que consiste en enfrentar al metamorfo con un espejo. En ese caso queda atrapado en su propia forma sin saberlo y sin adivinar porqué los demás se ríen a su alrededor. A menudo caen en una profunda depresión. Sólo les queda el suicidio. Para ello es fácil, consiste en acercarse a un objeto frágil, como por ejemplo un insecto y tomar su forma esperando tranquilamente la muerte. En otras ocasiones se enfrentan a un cristal y desaparecen hechos añicos.
Mariano está acostumbrado a la frustración y sólo les queda la resignación.
Un domingo de verano está paseando por una calle solitaria y a los le parece ver una foto de Marisa. Se acerca con cuidado hasta darse cuenta que se trata del anuncio de un nuevo libro de la mundialmente aclamada especialista en ciencias ocultas, la doctora Marisa Blanes. Mariano no supo si alegrarse o no. Por un momento pensó en la posibilidad de presentarse el día señalado y observarla a la distancia. Eso lo puso más triste aún. Sin darse cuenta se fue acercando cada vez más a la vidriera, hasta ver reflejada su imagen en el cristal, en el que se reflejada la foto de Marisa con total nitidez. Una suave brisa lo tumbó y terminó hecho añicos en la vereda. Nadie lo extrañó.
La baulera
Por María Graciela Argüelles
Eran dos amigas, beatriz y Cristina. Cristina vive en en el 6to. D de un edificio de departamentos. Se encuentran a tomar un café y Beatriz le comenta a Cristina que necesita una silla de playa porque se va a Mar del Plata.
Cristina accede con gusto al pedido de su amiga. Cuando llega a su departamento toma la llave de acceso a las bauleras y la del candando de la jaula que le corresponde a ella. Toma el ascensor y baja. Cuando abre las bauleras siente que un escalofrío le recorre la espalda. No le da importancia y se dirige a su jaula. En ese momento se apaga la luz. No hace caso porque enseguida vuelve. Abre y saca la silla. Otra vez el apagón y el escalofrío.
Al día siguiente el encargado del edificio encuentra manchas de sangre en el acceso a las bauleras.
Nunca más se supo de la vecina del 6to D.
Fin

domingo, 21 de septiembre de 2014

Suicidio
Por María Graciela Argüelles
Era un domingo soleado como otros.

Ella se estaba preparando para su caminata. Su marido se acababa de ir. De repente la invade un pánico, una desesperación que no puede resistir. Trata de pedir ayuda pero todo se le nubla. Gritos desesperados salen de su garganta. Finalmente abre al ventanal que da al balcón y se tira. Al caer se le aparecen las sucesión de balcones. No recuerda nada más, los vecinos la vieron salir caminando. Lo próximo que recuerda es la ambulancia, el hospital, ruega que la dejen morir. Sus familiares lloran junto a ella rogándole que no. La llevan al quirófano y se despierta en la habitación rodeada de afecto. En ese momento decide internarse en el neuropsiquiático. Esto lo escribe desde allí, a punto de ser dada de alta. La angustia y el miedo y la falta de sueño la acompañan.