jueves, 31 de octubre de 2013

En otra vida

Se cruzaron una tarde. Ella, Analía, recordó esos ojos oscuros, en realidad recordó como la miraban esos ojos. Cuando? En otra época, en otra vida, en otro lugar? No lo sabía, y sin embargo, no podía borrar esa sensación de que esos ojos la miraron con amor.
Siguió caminando y retuvo ese pensamiento todo el día. En realidad, no quería dejar de pensar en eso, se sentía acompañada. Su vida era solitaria. No se quejaba de eso.
Escritora de cierto prestigio, tenía una renta que le permitía vivir sin lujos y sin sobresaltos. Sus amores, dos gatas y un perrito viejo, eran su compañía. No pedía más. Huérfana desde muy chica fue criada por la hermana del padre, que le enseñó la frugalidad como virtud.
Durante varios días pasó por el mismo lugar a la misma hora. No lo volvió a ver. Su imagen se fue borrando, alto, delgado, pelo oscuro? Solamente los ojos, la mirada permanecieron intactos en su memoria.

Cuando Pablo se cruzó con ella, recordó su boca, recordó que esos labios alguna vez le dijeron palabras de amor al oído. Cuándo, dónde? En otra época, en otro lugar? No podía precisarlo. Se dio vuelta y sólo vio el cabello largo y con reflejos rojizos de ella.
Cómo era su cara? Solamente podía describir a la perfección su boca, de labios rosados, turgentes, que alguna vez habían besado los suyos. Era así o lo estaba imaginando?
Siguió su camino y ese pensamiento lo acompaño todo el día. Su trabajo, su familia, el hijo por venir llenaron sus horas y sus días. Se había casado hacía algunos meses cuando su novia, compañera de estudios en la universidad, aseguró estar esperando un hijo suyo. Sin embargo, en el momento menos pensado le sorprendía el recuerdo de esos labios, de esa boca tan querida. El no intentó volver a encontrarla. Pura cobardía.
Los dos siguieron con sus vidas. Ella con sus libros, sus gatas y su perro viejo. Vida solitaria, pero plácida. Él ocupado de su familia, con un puesto de profesor en una escuela secundaria. Frustración era la palabra que regía sus días.
Pasaron algunos años, Analía se quedó sola, sus animalitos habían muerto. Una mañana se despertó con una sensación de urgencia. Tenía que ponerse a escribir, no podía ocuparse de otra cosa. Al principio pensó, mientras escribía, que estaba relatando un sueño. Al releer lo escrito tuvo la sensación de que lo había vivido. Eran recuerdos? La protagonista de su cuento, Virginia, era una muchacha feliz, hija de uno de los jardinerosde palacio. Bonita sin estridencias, su pelo rojo la hacía especial. Un día conoció a Ernesto, el noble hijo del señor feudal de la comarca. Alto, delgado, de pelo oscuro, sus ojos la enamoraron inmediatamente. La miraban con amor. Ernesto se enamoró de esa boca de labios rosados que pronto le susurraron palabras de amor al oído. 
Vivieron un apasionado romance, clandestino. Pronto el padre de Ernesto le encomendó la defensa de sus posesiones. Viajó cientos de kilómetros y en lo único que pensaba era en su amada Virginia. 
El padre de ella le prohibió huir tras su amado. Pasaron los años y nunca más se vieron. Sin embargo, ni un solo día de sus cortas vidas dejaron de pensar el uno en el otro. Ella extrañando esos ojos oscuros que la miraban con amor. Él soñando con esa boca de labios rosados que le susurraban palabras amorosas. Ambos murieron jóvenes y guardaron ese amor como su secreto más preciado.
Analía termina de escribir febrilmente y se reconoce en la protagonista de su cuento. Se convence que ha vivido otra vida, más apasionada que la suya y llena del amor de Ernesto. Se da cuenta, además, que ese es el origen de su obsesión por aquel hombre con el que se había cruzado años atrás, y del que ni siquiera sabía su nombre. Estaba convencida de eso.
Su editor la convenció de publicar el cuento. Ella puso como condición firmarlo con un pseudónimo, Virgina Leblanc.
Analía murió con la certeza de que en otra vida se encontraría con Ernesto.
Pablo la sobrevivió un par de años. Una tarde, como otras, su nieta le regaló un libro comprado en una librería de viejo. Era un libro de cuentos de una autora que no conocía Analía White. Entre ellos había uno que le pareció conocido, como el relato de uno de sus sueños o de una vida pasada, lo firmaba otra persona. En la contratapa había una foto de la autora. No podía creerlo, esos labios, eran los labios; esa sonrisa, era la sonrisa. El pelo rojo, los labios rosados. Era ella, no había dudas. Murió abrazado al libro.
Finalmente Virginia y Ernesto , o Pablo y Analía, se tenían el uno al otro como en otra vida.


viernes, 25 de octubre de 2013

Bosquecito

Caminito de hormigas. Adónde van? Muy alineadas, todas llevando una carga mucho más grande que su cuerpecito. Perro durmiento al sol. Estará soñando? Sueñan los animales? No importa. Se lo ve feliz. Bosquecito de pinos. Muy egoistas ellos, no permiten que crezca nada a su sombra. Lindo para caminar, crocante, crujiente. Lindo ruidito.
El sol se cuela por las ramas de los árboles, produce dibujitos en el suelo. Feitos ellos, por qué? Será por la falta de una geometría que los explique? o por la ausencia de la mitrada de un artista que sienta y no analice?
Silencio. No, silencio no, hay pajaritos que cantan o pretenden hacerlo, algunos muy bien, otros tendrán que seguir practicando. Silencio no, porque la ruta está cerca y las autos y camiones pasan raudos. Por qué tanto apuro? Será realmente apuro o es la costumbre de apurarnos y no preguntarnos para qué?
Yo misma recorro el bosquecito a paso rápido, casi sin mirar o escuchar. Me paro y ahi nomás a mis pies descubro plantitas de frutillas. Si frutillas, chiquitas, rojas, redonditas. Ni siquiera las toco, no vaya a ser que las moleste. Sigo parada y descubro unos helechos insolentes. Cómo se les ocurre ser más hermosos que los que venden en los viveros? A quién le pidieron permiso? Atrevidos. Con los árboles pasa lo mismo, erguidos derechitos, hamacándose tranquilamente, como si nada pasara. Acaso no saben lo mal que anda todo o lo saben y no les importa?
Me pregunto que me llevó a escribir esto. Le interesa a alguien? A mí me interesa? Sería má elegante si le sacara el signo de pregunta. Más elegante, pero menos sincero. El bosquecito hace mucho que está ahí. ahora lo recorro casi porque no me queda otro remedio. O camino por allí o por un camino polvoriento desangelado. También puedo ir por la vera de la ruta. No, decididamente no. Aburrido, ruidoso, peligroso.
Creo que tengo la respuesta: es una despedida. Dentro de algunos meses quedará atrás como tantas otras cosas. Una despedida y el preludio de una nueva etapa. Más tranquila, necesaria, sin las ansias juveniles y los entusiamos del apogeo de la vida.
Si es eso una despedida, sin melancolía, con la certeza de que la necesito. El bosquecito a mí no. No? Dejo la pregunta.
Por qué saqué la foto? Aparentemente estaba jugando con la cámara del celu. No, las fotos eternizan instantes y creo que necesitaba hacerlo. Bah, eternizar suena a demasiado. Documentar es más adecuado. Eso, o mejor registrar. Eso es, tener un registro objetivo de un lugar, un momento, una época. Ufa ya me puse pesada. Sepan perdonar, si es que alguien está leyendo esto. Estoy grande, soy una señora grande, como dice la diva de los almuerzos. Merezco sosiego. En realidad, no sé si lo merezco. En realidad, es natural que así suceda. Estoy tratando de darle una placidez que es más deseada que real.
Por el momento dejo aquí, me voy a caminar por el bosquecito. Sacaré unas fotos de otro lugar mágico: el arroyito y a lo mejor le dedico unas líneas. Chau.
Ezeiza, 25 de octubre de 2013

martes, 22 de octubre de 2013

Demolida



Ella iba y venía por el caminito de lajas que comunicaba la casa con una pequeña construcción al final del terreno, arrancando hojitas, colgando la ropa en el alambre. Meparece recordarla con un perrito enredado en sus piernas. La veía cada vez que me asomaba desde mi balconcito para ver la vida.
La dejé de ver, no sé cuando. Fue una de esas ausencias imperceptibles, como había sido su presencia. En realidad me dí cuenta porque el jardín ya no era el mismo, se lo veía solitario, intrascendente, nadie le daba sentido a su existencia.
Y fue curioso lo que pasó, así como no le había dado importancia a su presencia, su ausencia hacía trascender mis salidas al balcón. Además, nunca me había fijado en la casa, ahora lo hacía, en realidad un hermoso chalet, como aquellos tan numerosos décadas atrás. Parecía que su legado había sido existir a través de su casa y su jardín. No fue hasta mucho después que supe que la ausencia se debía a su muerte y lo supe en forma indirecta cuando alguien me habló del viejo viudo de la casa de al lado. Que
notable que una existencia se devele por su no existir. ¿Triste? Puede ser.
Y así como tiempo atrás me asomaba a mi balconcito, ahora, antes de entrar en el edificio constataba la presencia del anciano en la galería delantera. Pasaba las horas ausente en su silloncito mirando la calle. ¿Esperando? ¿Qué?
Por una vecina me enteré que el hijo del anciano no había logrado convencerlo de que vendiera la casa. Vivía con el corazón en la boca sabiéndolo al padre, solo, triste desamparado. ¿El perro?  Nunca más lo vi.
Hace un  par de meses una mañana fui despertada por golpes que hacían vibrar el edificio.  ¿Qué pasa? Están demoliendo el chalet de al lado.
La insensibilidad de la maza no distinguía recuerdos de ladrillos, los obreros iban y venían. El escombro al contenedor, las maderas al fuego.
Trste ver un trozo de manpostería con la marca de un cuadro tal tatuaje descolorido.
Una mañana silencio. Claro llueve, hoy no trabajan. Me asomo y veo una bañera intacta, verde brillante por el barniz de la lluvia; que historias se hilvanaron en su seno, de que impudicias fue testigo, el recuerdo, el ya no ser.
Ayer se llevaron los últimos escombros, en la vereda un anciano, ¿el anciano? Creo que sí. Ha venido a presenciar como se llevan las últimas miguitas de su casa. Lo que queda es terreno arañado que supone una ausencia. Tierra rascada mezclada con recuerdos.
Quizás un fantasma de una señora con un  viejo delantal de cocina y un perrito enredándose en sus piernas. Nada más. ¿Dónde irán a parar las almas de las casas demolidas? ¿Existe un cielo de casas adonde van a parar los espíritus de las casas que albergaron seres felices, que amaron, que fueron amados?
No lo sé, sólo tengo la certeza que ningún edificio lujoso o modesto, hermoso o no podrá reemplazar esas casas sólidas, cálidas, construidas con amor y pensadas para durar para siempre, que albergaron amores, nacimientos, ilusiones, pelear, duelos y nacimientos. Casas con alma, demolidas para ser reemplazadas por viviendas desalmadas.

Viudas



Sala de velatorio. No hay nadie, solo el féretro, unas velas.
Llega la Sra. A toda vestida de negro, con un pañuelo negro en la cabeza, se persigna mientras se seca las lágrimas con un pañuelito diminuto. Suspira y no deja de llorar. Murmura algo como una letanía o una oración. Entra la Sra. B vestida con colores vivos, con un sombrero llamativo. Llora sin disimulo y con sonoridad. Quedan una a cada lado del cajón.
A: pobrecito, pensar que ayer estaba vivito y coleando.
B: pobrecito, murió como un pajarito, sin quejarse.
A: no somos nada.
B: no somos nada.
A: hoy estamos y mañana no estamos más.
B: no estamos más.
A: quien lo hubiera dicho.
B: no somos nada
A: hoy estamos y
B: eso ya lo dijimos.
A: lo dijimos.
Lloran las dos, se suenan la nariz
A: un gran hombre
B: un santo
A: buen marido
B: buen padre
A: excelente hijo
B: excelente hermano
A: excelente hermano
B: ya lo dijimos
A: ah
B: pobrecito
A: pobrecito
B: tenía sus cosas
A: dígamelo a mi
B: se lo estoy diciendo
A: toda una vida
B: toda una vida
A: eh?
B: digo toda una vida con él
A: cómo?
B: eso
A: que?
B: que lo aguanté toda una vida
A: qué está diciendo, él era mi marido!
B: no señora, el dssgraciado era mi marido
A: cómo se le ocurre, Juan era mi marido y sólo yo le digo desgraciado.
B: José, se llamaba José!
A: usted esta loca, se llamaba Juan
B: la loca es usted, se llamaba José
A:????
B: ?????
A: no entiendo nada, éste es mi Juan, el muertito de la sala 6
B: no señora, este es José y estamos en la sala 4
A: la 6
B: la 4
A: allí hay un cartel, qué dice?
B: bien clarito, sala 3
A: ah, eh? Entonces no sos vos Juan, (se acerca al cajón corre la mortaja y ve que no es Juan). Este no es mi muerto (sale corriendo y persignàndose)
B: sos vos José?  Lanza un grito al ver que no es. Se desmaya.

Abuelas




Yo tuve dos abuelas. Si, ya sé todos tenemos dos abuelas. Lo que quise decir es que conocí a las dos. Bien diferentes. María, española, austuriana, para más dato. Aspera, dura, con unos ojos negros que parecían traspasar cualquier materia. Nada demostrativa, ni cariñosa. Austera y reservada, a punto tal que sólo después de muerta supimos que tenía un segundo nombre: Amparo. Que paradoja, nunca me sentí amparada por la abuela María. Lo que sí recuerdo vívidamente son sus mermeladas. Manjar del cielo y las hacía de cualquier fruta: una manzana, medio limón,  una mandarina que nadie comió, y he ahí el milagro. Junto a sus habilidades de cocinera se destacaba su tosudez. Tanto que pasó sus últimos años sentada en su silla. Cuando murió hubo que quebrarle los huesos para enterrarla como a todo el mundo.
Dura y decente como pocas, mis respetos a esa montañesa que nunca abondonó su forma de caminar, pasos largos y media inclinada hacia adelante, como su afición a la vida austera, tal como la había conocido en Europa.
Mi otra abuela, Graciana, era la antítesis de María. Dulce, comunicativa, cariñosa. Nació en Villa Crespo, tan porteña como el obelisco. Sin embargo, cuando hablaba se refería a "nosotros los italianos". Su primera lengua fue las de sus padres y finalmente se casó con un  calabrés, mi abuelo Salvador. Cumplía los años el 25 de mayo. Ese día se sentía más argentina que Rimoldi Fraga, nadie participaba de su festejo si no portaba la escarapela. En el momento de la torta se cantaba el himno. Sí, el himno nacional argentino.
Tenía un don especial para tener a toda su familia alrededor, viuda precoz, dedicó el resto de su vida a sus hijas y sus nietos. Sus yernos la adoraban y para los sobrinos era la tía Gracia. Gracia era lo que le sobraba.
De las dos abuelas me acuerdo de los ojos. Ojos escrutadores, negros como agujeros, desafiantes de María. Ojos dulces, amorosos, verdes, grises, celestes? Ojos color del tiempo, como esa vieja película argentina.  Graciana, Gracia, ojos dulces, pícaros,  comprensivos.
No sé como está compuesta la mezcla de mi material genético. El ADN es único e irrepetible, nos da identidad y a su vez está formado por un montón de identidades que nos unen a otros tiempos a otros seres. No tengo los ojos claros de Graciana, tampoco son negros como los de María. Suelen ser más escrutadores que amorosos. Son curiosos por encima de todo. Me dicen que mi mirada atraviesa, trato de dulcificarla para que se quede más cerca. Para que ampare y no juzgue. Para que comprenda sin prejuicios.
Más allá del cariño que me unen a ellas siento que soy parte de una misma historia, con ellas, a pesar de ellas.
Seré abuela, no depende de mí. Cuando lo sea me gustaría estar cerca de mis nietos, sin invadirlos, sin ahogarlos, con una mirada pícara, profunda y cariñosa. Sin ocupar otro lugar que el de abuela. Como ellas, igual y muy diferente.
Ya habrán adivinado porque me llamo María Graciela.

Para Maria y para Graciana, a su memoria

Deja vu


Nos persiguen. Es noche oscura, la casa está en ruinas. Mi viejo me dice agachate, que no te vean. Corramos, le susurro. No, nos alcanzarían. Hay que quedarse quietos y esperar que se vayan. Comienzan los tiros. Al boleo. Estamos escondidos detrás de una puerta, mimetizados con el alrededor. Las balas silban cerca. No sé cómo pero me adormezco.. Con alivio al despertarme sé que todo fue un sueño. Sin embargo, algo me llama la atención,  no estoy en mi cama, la de ahora. Estoy recostada en lo que parece el andén de una estación.  Está amaneciendo, busco a mi padre. Dónde se habrá metido. Lo capturaron? no, si eso era un sueño. Estoy confundida, no sé adonde ir.
Empiezo a caminar y me encuentro con mi hijo, ¿mi hijo?. Yo no tengo hijos. Pero es él. Ma, qué hacés? Vos qué haces. Siempre estuve acá. Y tu abuelo? Me mira sin poder creerlo. El abuelo está en su casa, no sé porqué preguntás. Está bien dejalo así. Siempre con lo mismo, estás muerta de sueño, andá a acostarte.
Estoy en mi casa? No sé. Me acuesto, dónde? Antes de decidirlo ya estoy dormida. Pero...acá yo ya estuve, encuentro a mi viejo. Qué viejo se lo ve. Yo también debo estar grande. Dale! vamos que ya vienen. Quiénes? Dale apurate que tu madre nos espera en la estación.  Otra vez escondidos.  Como podemos nos escapamos. Se escuchan sirenas, policía,  ambulancias? No sé diferenciarlas. No puedo más. Me despierto. Otra vez? Dónde estoy? Sigo escapando, pero ahora sola. Las piernas no me dan  más. Es que estoy vieja me digo. Cómo vieja? Ahora, además, de no saber dónde estoy, no sé ni siquiera si soy joven, vieja?
Aliviada, me despierto. Estoy en mi cama, la de siempre. Sin embargo, sigo escuchando sirenas, disparos, golpean a la puerta. Qué hago, me tengo que escapar. Pero, adónde?, de quiénes escapo?. Me persiguen o lo soñé? Esto es un sueño o el sueño era el de antes. Cada vez más confundida. Me despierto aliviada, todo era un sueño. Quéeeee? Ya no puedo distinguir entre el sueño y la vigilia. Me duermo y me parece que ese sueño ya lo soñé. O es un sueño dentro de otro. Y éste dentro de otro. Sueños concéntricos? Me despierto de uno y sigo soñando en otro? Me despierto aliviada para comprobar que sigo soñando. Es como la cinta de Moebius. No, es un eterno deja vu.
De qué sueño me tengo que despertar para vivir la realidad? Estoy en un sueño constante en el que me persiguen, por qué? Seré la protagonista del sueño de otro, o simplemente soy un personaje secundario y por eso nadie se ocupa de despertarse para liberarme?
Me despierto aliviada para comprobar que todo era un sueño. Sin embargo, me persiguen, sigo soñando. O estoy en uno de los sueños de mi papá y como él se murió quedé atrapada en este limbo? Me despierto sólo para comprobar que sigo soñando. Hasta cuando?
Sueños circulares, no, concéntricos. Entonces me tendría que despertar del más profundo? No así quedaría despierta atrapada en mi propio sueño.
Me despierto aliviada, todo era un sueño, me despierto aliviada, todo era un sueño, me despierto aliviada, todo era un sueño, me despierto aliviada, todo era un sueño, ....me despierto.... Me despierto? Acabo de escribir dormida.  

Para mi papá que siempre está en mis sueños. Octubre 2013

lunes, 21 de octubre de 2013

No me gusta

No me gusta! Cómo que no te gusta? Y, no me gusta. Pero si a todo el mundo le gusta. A mí no. Seré de Marte. Pero no podés decir eso! Como que no. Si puedo: no- me- gus- ta Viste como lo dije. Señal de que puedo.
Pero...no deberías. Por qué,  es pecado? No pecado no es... Es inmoral? No, tampoco. Ah, ya sé, está
prohibido. No cómo va a estar prohibido, de ninguna manera.
Y entonces....? No sé cómo explicar algo tan obvio... Para mí no lo es.
Ya te dije, a todo el mundo le gusta, nadie se atrevería a decir lo contrario.
Acabáramos, es políticamente correcto decir que te gusta, aunque no sea cierto.
No, lo que pasa es que nadie se lo plantea. Es hermoso y punto. Es bello, es la naturaleza que habla por si  sola.
Pues, a mí no me habla. O me habla y no le doy bola, no sé.
Cómo se te ocurre decir eso, sos una soberbia! Eh, che, no se te fue la mano un poquito.
Estamos en un país libre, o no? Digo lo que quiero.
Si, pero te tenés que fijarte de no ofender a nadie. Uf, qué complicado. Yo pensé que siendo sincera, no sólo no hacía mal a nadie, si no todo lo contrario.
No, estás equivocada, es como si te acercaras a un bebe y delante de la madre dijeras: qué feo sos!
Eso es distinto, la comparación no es válida. En todo caso el único que tendría derecho a ofenderse es dios y como yo no soy creyente me tiene sin cuidado. Ah, encima sos atea!
Si, y qué? Te ofendí? Soy atea y soy a...como se diga a quienes no endiosamos la naturaleza.
Una montañita nevada, o un lago graaaaande, no me emocionan. A mí me conmueven las obras humanas: y no cambio una pintura rupestre por un alerce, ni una talla en madera por una olita del lago.
La naturaleza por si sola no me dice nada. Y dale que va!
No me interrumpas o te burles. Me atrae el mar, el horizonte, la llanura en un amanecer soleado, una florcita silvestre, que no está para que yo diga hermosa, si no que está porque esa es su naturaleza.
 Cuando sale el sol cada mañana no gritamos qué belleza, que dichosa soy de poder contemplarte oh sol.
Simplemente sale porque así se lo ordenan las leyes de la astrofísica y yo ni lo miro porque hizo lo que hace todos los días y lo que se supone que tiene que hacer.
Bueno, seguí así que vas a llegar lejos. No, si no voy a ningún lado. Lo lejano no me preocupa. En realidad lo que me gusta de lo lejano es la posibilidad de conocer otra gente, otra cultura. Bueh, te pusiste filósofa!
Y vos te pusiste pesada, en realidad sos pesada. Chau me voy a escuchar música,  ni maravillosa, ni bella, ni nada, MUSICA que a mí me gusta. Bueno, chau, que te garúe finito… Y a vos que te caiga un chaparrón!

San Carlos de Bariloche, 15 de setiembee de 2013