domingo, 5 de enero de 2014

Metamorfosis o Que me perdone Kafka

Se termina de duchar como todas las mañanas. Cuando se seca nota algo entre los dedos de los pies. Manotea un pomo del botiquin y, aunque está vencida, se pone un poco de crema para el "pie de atleta". De atleta no tengo nada, pero seguro que me cura los hongos. Se pone desodorante y las axilas le arden mucho más que de costumbre. Esta mañana estoy hecho un mariquita, piensa mientras se termina de vestir. Sube al auto y se acuerda que le prometió a su novia que sacaría las entradas para la última de Darín. Uf, llego tarde al laburo, se dice mientras piensa que es preferible un enojo de su jefe a un enojo de su novia. Preferiría un buen baño de inmersión, solo, antes que ir al cine. Pero qué estoy diciendo, se dice en voz alta. Se acuerda que salió sin desayunar, y de sólo pensar en el café con medialunas de todos los días, le dan náuseas. Qué me está pasando. Gusanos, pescado crudo. De dónde salen esos pensamientos. El canal gourmet no habla de esas cosas y Marley no es santo de su devoción. No se siente cómodo manejando, le echa la culpa al calor y al tránsito. Le falta el agua. El agua? El aire, querrás decir! Llega a la oficina sin aliento, como si hubiera venido corriendo. Se desploma en la silla de su escritorio y se le cae la cabeza, mientras que la boca trata de tragar todo el aire que puede, el aire? Un compañero lo encuentra desmayado y llaman al Same. El paramédico le coloca la mascarilla de oxígeno y muere entre convulsiones. Debajo de la camisa se adivinan las escamas brillantes.

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