lunes, 1 de diciembre de 2014

Choque
Ella hacía varios meses que no manejaba su auto. Iban a ir a una reunión familiar con su marido. Él al principio no que quería que ella manejara, pero finalmente cedió. Se dirigieron a la cochera y él le dio cientos de explicaciones de cómo proceder. Ella finalmente se sentó detrás del volante y salieron. Sentía satisfacción al ser dueña de la situación. Tenían que transitar por una ruta sin luces y poca señalización. Puso un cd en el reproductor cuando el camino comenzó a cubrirse de una espesa niebla. Su marido se ponía cada vez más impaciente, hasta que le gritó que parara. Ella, enojada, siguió adelante aminorando la velocidad.

De repente sintió un impacto, se abrieron los airbags y se puso todo negro. Perdió el conocimiento. Al despertarse escuchó voces, el ulular de la ambulancia. Miró a su lado y se tranquilizó al ver que su marido estaba luchando por zafarse del cinturón de seguridad. Ella comenzó a llorar, de susto, de desesperación, de impotencia porque no podía moverse. Con la ayuda de los camilleros y su marido lograron sacarla del auto. Estaba ilesa, sólo qué les habría pasado a los ocupantes del otro vehículo. Finalmente, logró ponerse de pie y al mirar comprobó, con cierto alivio, que había impactado con una vaca. 

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