Choque
Ella hacía
varios meses que no manejaba su auto. Iban a ir a una reunión familiar con su
marido. Él al principio no que quería que ella manejara, pero finalmente cedió.
Se dirigieron a la cochera y él le dio cientos de explicaciones de cómo
proceder. Ella finalmente se sentó detrás del volante y salieron. Sentía
satisfacción al ser dueña de la situación. Tenían que transitar por una ruta
sin luces y poca señalización. Puso un cd en el reproductor cuando el camino
comenzó a cubrirse de una espesa niebla. Su marido se ponía cada vez más
impaciente, hasta que le gritó que parara. Ella, enojada, siguió adelante aminorando
la velocidad.
De repente
sintió un impacto, se abrieron los airbags y se puso todo negro. Perdió el
conocimiento. Al despertarse escuchó voces, el ulular de la ambulancia. Miró a su
lado y se tranquilizó al ver que su marido estaba luchando por zafarse del
cinturón de seguridad. Ella comenzó a llorar, de susto, de desesperación, de
impotencia porque no podía moverse. Con la ayuda de los camilleros y su marido
lograron sacarla del auto. Estaba ilesa, sólo qué les habría pasado a los
ocupantes del otro vehículo. Finalmente, logró ponerse de pie y al mirar comprobó,
con cierto alivio, que había impactado con una vaca.

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