sábado, 25 de octubre de 2014

Cosas de antes
¿Las cosas de antes eran mejores o no? El otro días caminando por el barrio recordé las antiguas ferias. Me acuerdo de ir con mi mamá, cuando yo era chica y caminar a través de los puestos: el verdulero, el que vendía pescado o carne, hasta mercería había en las ferias. No sé si siguen existiendo.
Otro recuerdo que tengo es acompañar a mi mamá a la chacharita, a la tumba de mi abuelo. Había muerto muy joven. Y esto me lleva a mi abuela, Graciana, la mamá de mi mamá que al quedarse viuda deambulaba por las casas de las hijas. Mi abuela era cleptómana, se llevaba algo, por ejemplo un sombrero o una cartera, de la casa de una hija y la llevaba a la casa de la otra. O, al pasar por una
verdulería, robaba naranjas con las que, después, hacía dulce.
Mi abuela era argentina, pero hija de italianos. Había nacido un 25 de mayo y por eso a su cumpleaños había que ir con escarapela, nos retaba si no lo hacíamos y cantábamos el himno en vez del “cumpleaños feliz”.
Mi otra abuela, la mamá de mi papá, era una asturiana dura y rígida, María, la antítesis de Graciana. Ojos negros, penetrantes, fríos. Los ojos de Graciana eran dulces, claros, esos que cambian de color con el tiempo.
Otro recuerdo: vivíamos en calle de tierra y muchas veces, cuando llovía, un vecino nos llevaba en carro al colegio. Además, recuerdo que pasaban por el frente de mi casa tropillas de vacas y terneros. Tan es así que una calle cercana se llamaba “Las tropas”.
El festejo del día de la primavera o del estudiante también era distinto. Recuerdo uno, en Gral. Belgrano, donde yo no me quería ni acercar a los muchachos y casi oficiaba de madre de mis amigas. Por supuesto que los grupos no eran mixtos ni bullangueros como ahora.
Yo no hablaba nada, sólo escuchaba, me costó tener mi primer noviecito y el pobre me sacaba las palabras con tirabuzón. Después, la vida, los tratamientos, el psicoanálisis me fueron abriendo.

Terminé una carrera universitaria, conseguí un buen trabajo, en el que conocí al amor de mi vida. Me volví locuaz, tuve un hijo hermoso que lleva el nombre de un músico: Juan Sebastián. Atravesé momentos horribles y otros hermosos. Ahora me siento plena, serena y feliz. 

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