viernes, 21 de febrero de 2014

El masaje

Clara se aburre.
Charla con las amigas, juega al tenis, va a mirar vidrieras al shoping. Una de sus amigas le recomienda una masajista. "Su" masajes, dice la tarjetita. Y para que voy a ir. Y que sé yo. Te relaja, te mima, salís renovada, hecha otra mujer.
Cuando llega a su casa lo comenta con su marido. Y andá, le dice él sin prestar demasiada atención. Total mal no te va a hacer y de paso dejas de aburrirte.
Pide un turno y va. La recibe Su, una mujer de mediana edad, delgada, chiquita. La hace pasar. Sacate la ropa, acostate en la camilla y ahora empezamos.
Enseguida se siente bien, suave perfume de saumerio, luz suave, música. Piensa en lo que le dijo su amiga: vas a salir siendo otra mujer. Y de verdad lo creyó. Con mano experta Su comenzó con un masaje fuerte, para descontracturar. Le puso electrodos y terminó untándola con un delicioso aceite que despertó su sensualidad dormida. Llegó a su casa y se fue derecho al dormitorio para retener esa sensación de bienestar.
Dormió hasta el otro día de un tirón. Desayunó y la llamó a su amiga para contarle. Tenías razón esto es estupendo. Ahora mismo la llamo y reservo turno para ir tres veces por semana.
Al día siguiente volvió y se repitió el ritual. Esta vez los masajes le parecieron más profundos, era como si le estuvieran tocando las entrañas. Qué exagerada, pensó. Esa noche no pudo dormir, se sentía rara. En el desayuno se lo comentó a su marido. Tomate un ibuprofeno, le dijo mientras mordía una tostada.
Mientras se vestía le pareció estar más cansada que nunca. Cuando se subió el pantalón notó que le quedaba holgado. Deben ser los masajes, me dijo Laura que reducen. No tuvo ganas de hacer nada hasta que llego la hora de ir a lo de Su.
Cuando le abrió la puerta le costó reconocerla. La vió más grande, no, más alta. Debe tener tacos. En realidad estaba descalza como siempre. Que se bien se te ve Su. En cambio yo no estoy en mi mejor momento. No te preocupes que mis masajes te van a dejar como nueva. Otra mujer.
Para volver a su casa tomó un taxi. Estaba sin fuerzas. Será que estoy relajada. Esa noche durmió, durmió, durmió. Se despertó al otro día a las dos de la tarde. Lo llamó a su marido para reclamarle no haberla despertado. Si total no tenés nada que hacer y cortó. Para no defraudarlo no hizo nada en todo el día. Hasta se olvidó de comer y vestirse. Esta vez tuvo que ir en taxi. No tenía fuerzas. Además se tuvo que poner un conjunto deportivo que casi se le caía. Como puede ser que esté tan delgada. Me estoy descuidando con la comida. Ni siquiera se acuerda cuando fue la última vez que comió. Mira el celular y se da cuenta que no lo puso a cargar. Me habré bañado, espero que si.
Esta vez no tiene dudas Su está más alta, se la ve más joven, el pelo le reluce y la dentadura la tiene blanquísima. Su me tenés que contar tu secreto. Se te ve muy renovada. Estás bárbara. Es que soy otra. Terminados los masajes le dice a Su que le pida un remis. Cuando se baja en la puerta de su casa se desploma en la vereda. Trata de pedir ayuda pero no le sale la voz. La gente que pasa parece no verla.
A las nueve de la noche Su llega a la casa de Clara. Toca el timbre y le abre la puerta el marido. Clara qué cambio. Qué te hiciste, fuiste a la peluquería. No, es el masaje.....

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