lunes, 21 de octubre de 2013

El misterio develado



Empeño digno de mejor causa. O no. Con el motor en marcha y los pasajeros esperando, busca una escoba, un cartón y un lampazo. Con minucioso cuidado barre un polvo gris parecido a la ceniza, lo junta en el cartón con total parsimonia, se baja por la puerta trasera, desaparece detrás del colectivo y  presumo que vuelca el residuo. Misterio, ¿qué es?  ¿Es afán de limpieza o oculta algo? ¿Ceniza? La ceniza es el residuo después de quemar algo. ¿Qué quemó?
¿Qué trata de ocultar?
No satisfecho con la limpieza,  toma el lampazo, lo moja con el contenido de una botella de agua mineral y hace desaparecer el último rastro de polvo. Se baja nuevamente, no puedo ver qué hace detrás del colectivo. Sube, guarda con tranquilidad  todos los elementos, el lampazo detrás del último asiento, la escoba al costado de los dos primeros asientos, el cartón no sé, me distraje.
Bebe pequeños sorbos de la botella, la guarda con esmero en una especie de guantera, se sienta detrás del volante y hace señas a los pasajeros para que  subamos.
Emprende la marcha con la misma parsimonia y el mismo cuidado antes utilizados para la limpieza. Cierra la puerta trasera y después la delantera. Enciende la radio y sube el volumen al máximo.
Al principio todo parecía normal, un chofer de colectivo, sus pasajeros, una tarde gris de domingo. El paisaje montañoso se sucede a través de la ventanilla. Es bello, pero a fuerza de repetido ya no me interesa, me sumerjo en mis pensamientos más oscuros. Los abandono, después de todo es domingo a la tarde, nada mejor para pensar en la propia muerte. Al rato estoy dormitando despreocupadamente.
De repente el conductor acelera, acelera más. Los pasajeros nos miramos sin entender, nadie dice nada, él parece ajeno a todo, tararea algo ¿o me parece?
En una curva se sale del recorrido habitual y aminora la marcha. Nos mira por el espejo y parece decidido a decir algo, no lo hace. Frena tranquilamente, desciende y desde el último escalón acciona el cierre de la puerta. Recién en ese momento creo ver que en la mano lleva un bidón. Me despabilo completamente al tiempo que grito con todas mis fuerzas;, él baña el colectivo con nafta y con la misma pasmosa meticulosidad enciende un fósforo y con un rápido movimiento lo dirige al charco de combustible. Las llamas lo invaden todo, gritos, llantos, y una última carcajada bestial.
El misterio develado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario