Empeño digno de mejor causa. O no. Con el motor en marcha y los pasajeros esperando,
busca una escoba, un cartón y un lampazo. Con minucioso cuidado barre un polvo
gris parecido a la ceniza, lo junta en el cartón con total parsimonia, se baja
por la puerta trasera, desaparece detrás del colectivo y presumo que vuelca el residuo. Misterio, ¿qué
es? ¿Es afán de limpieza o oculta algo? ¿Ceniza?
La ceniza es el residuo después de quemar algo. ¿Qué quemó?
¿Qué trata de ocultar?
No satisfecho con la limpieza, toma
el lampazo, lo moja con el contenido de una botella de agua mineral y hace
desaparecer el último rastro de polvo. Se baja nuevamente, no puedo ver qué
hace detrás del colectivo. Sube, guarda con tranquilidad todos los elementos, el lampazo detrás del
último asiento, la escoba al costado de los dos primeros asientos, el cartón no
sé, me distraje.
Bebe pequeños sorbos de la botella, la guarda con esmero en una especie de
guantera, se sienta detrás del volante y hace señas a los pasajeros para que subamos.
Emprende la marcha con la misma parsimonia y el mismo cuidado antes
utilizados para la limpieza. Cierra la puerta trasera y después la delantera.
Enciende la radio y sube el volumen al máximo.
Al principio todo parecía normal, un chofer de colectivo, sus pasajeros,
una tarde gris de domingo. El paisaje montañoso se sucede a través de la
ventanilla. Es bello, pero a fuerza de repetido ya no me interesa, me sumerjo
en mis pensamientos más oscuros. Los abandono, después de todo es domingo a la
tarde, nada mejor para pensar en la propia muerte. Al rato estoy dormitando
despreocupadamente.
De repente el conductor acelera, acelera más. Los pasajeros nos miramos sin
entender, nadie dice nada, él parece ajeno a todo, tararea algo ¿o me parece?
En una curva se sale del recorrido habitual y aminora la marcha. Nos mira
por el espejo y parece decidido a decir algo, no lo hace. Frena tranquilamente,
desciende y desde el último escalón acciona el cierre de la puerta. Recién en
ese momento creo ver que en la mano lleva un bidón. Me despabilo completamente
al tiempo que grito con todas mis fuerzas;, él baña el colectivo con nafta y
con la misma pasmosa meticulosidad enciende un fósforo y con un rápido
movimiento lo dirige al charco de combustible. Las llamas lo invaden todo,
gritos, llantos, y una última carcajada bestial.
El misterio develado.
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